POLLO DE VERANO
Recordaba que, cuando mis hijos eran pequeños, preparaba un platillo que me enseñó una compañera de trabajo y que lo llamábamos "pollo de verano", ideal para las cenas rápidas. Se trata de unas pechugas de pollo hervidas en un caldo corto, cortadas en láminas, servidas en frío y acompañadas de una salsa tártara.
Muy sencillo.
Solo necesitamos unas pechugas de pollo.
Para el caldo corto:
Agua.
Un hueso de jamón.
Un puerro.
Una zanahoria.
Una caña de perejil.
Sal.
Para la salsa tártara:
Mahonesa de bote. (En verano no me arriesgo con la mahonesa casera) o salsonesa.
Una cucharadita de mostaza.
Un toque de salsa Worcester.
Un toque de nata de cocina.
Unos pepinillos en vinagre. (depende del tamaño).
Unas alcaparras.
Unas aceitunas deshuesadas. (Los puristas no me lo perdonarán, lo siento)
La elaboración es tan sencilla como preparar el caldo corto hirviendo durante 15 a 20 minutos el hueso de jamón, el puerro, la zanahoria y la cañita de perejil con un pellizco de sal.
Después se ponen las pechugas que estarán en su punto en diez minutos. Se sacan y se dejan templar.
LLegado este punto, un servidor las guarda en un "tupper" en en frigo hasta que las vaya a consumir.
Cuando llegue ese momento, se cortan en láminas tan finas como sea posible.
Preparamos la salsa tártara mezclando en un bol la mahonesa de bote con la mostaza, la nata y la salsa Worcester. Cortamos los pepinillos, las alcaparras y las aceitunas en pedazos pequeñitos y los incorporamos a la salsa. Mezclamos.
Ahora, cada uno se va sirviendo el pollo y la salsa como le venga en gusto. Lo que no se haya consumido, se guarda para mañana.
P.D.: El caldo se cuela y se guarda para la paella del domingo.
HUEVOS BENEDICTINE.
La semana pasada, a Madrid que fuimos a dejar a los viajeros en Barajas, que iban a Inglaterra a ver a sus hermanos y la sobrina. Me dicen que la peque se portó como una dama en el avión.
Como el vuelo salía ya tarde, decidimos quedarnos en Madrid a pasar la noche y, de paso, cenar con los amigos. Visitar la exposición de Dalí, la de "Antes del diluvio" y, por supuesto, comer con los amigos.
Mariscada memorable para la cena y comida marroquí llena de aromas y sabores para medio día.
El lunes, de vuelta a Barajas para recoger viajeros y mañana.... mañana a Ciudad Real, que va a ser allí la siguiente reunión de los Gastronómadas este fin de semana.
Mientras tanto, fiestas, que han sido las ferias y, aunque a nosotros no nos llamen la atención esos eventos, el día festivo (todo cerrado) nos afecta igual.
Lo celebramos en casita con menú especial e invitado de honor: Su Señoría D. Víctor Casco. Esta vez me había insinuado que podía preparar unos "huevos benedictinos", por supuesto, como es costumbre en él, me mandaba por delante la receta, que había encontrado en un libro. Parece ser que este plato era la debilidad de algún papa.
Bueno, pues no son "huevos benedictinos", nada tienen que ver con los monjes de esa orden, ni siquiera "huevos benedictine", como consta en alguna receta, sino "huevos Benedic", el apellido del corredor de bolsa neoyorkino que los pidió para desayunar en el Astoria para despejar la tremenda resaca que sigue a una noche de juerga allá por las postrimerías del S. XIX. Nada más prosaico.
El caso es que están considerados un plato de lujo, carácter que le da, sin duda, el rematar con la que se considera la reina de las salsas: La salsa holandesa.
Los preparé a mi estilo, y la receta que doy es la mía, que poco o nada tiene que ver con la original. Sobre todo porque utilicé trucos, atajos y trampas de viejo cocinero.
La salsa holandesa, por ejemplo. Nada de batir, baño maría... Al microondas, que se hace enseguida y, dicen, no se corta nunca. (La receta aquí).
Los huevos, nada de escalfados en agua con vinagre. Envueltos en papel film y tres minutos en agua hirviendo. (Tentado estuve de hacerlos en el microondas).
El muffin de base lo sustituí por una rebanada de pan de molde recortada con el cortapastas. y, ya puestos, el exquisito bacon, fue sustituído por unos torreznos de panceta ibérica.
Luego los sirves en la vajilla de los domingos y parecen otra cosa.
¡Ah, si! La receta:

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